Un origen milanés con sabor a leyenda
Aunque su historia está envuelta en múltiples leyendas, la versión más aceptada sitúa el origen del panettone en Milán, hacia finales del siglo XV. Una de las leyendas más populares cuenta que fue creado por accidente en la corte de Ludovico il Moro, duque de Milán. El cocinero oficial de la corte habría quemado el postre previsto para la cena navideña, y su ayudante, un joven llamado Toni, improvisó una masa dulce con lo que tenía a mano: harina, huevos, azúcar, frutas confitadas y levadura. El resultado fue tan delicioso que los invitados lo bautizaron como «pan de Toni», de donde vendría el nombre panettone.
Más allá del mito, los registros históricos confirman que ya en el siglo XVII se elaboraba en Milán un pan alto, suave y enriquecido con frutas secas, reservado para ocasiones especiales como la Navidad. Con el tiempo, el panettone se convirtió en un símbolo navideño del norte de Italia, y su fama se extendió por toda la península.
De las casas milanesas a la producción industrial
Durante siglos, el panettone fue una preparación casera o artesanal, transmitida de generación en generación. La masa, enriquecida con mantequilla, huevos y frutas confitadas, requería tiempos de fermentación largos, técnica y paciencia.
A comienzos del siglo XX, dos panaderos milaneses —Angelo Motta y Gioacchino Alemagna— revolucionaron su elaboración. Motta fue el primero en introducir la fermentación natural con lievito madre (masa madre) y hornear el panettone en moldes altos, lo que dio lugar a su clásica forma cilíndrica abombada. Alemagna, por su parte, perfeccionó la técnica y popularizó el producto a través de la industria, convirtiendo el panettone en un dulce accesible a todos los hogares italianos.
Un panettone para cada gusto
A lo largo de los años, el panettone ha evolucionado en formas, sabores y estilos. A la receta clásica —con pasas y frutas confitadas— se han sumado numerosas variantes: con chocolate, crema de limón, glaseados, licores, frutos secos, marrón glacé o incluso versiones saladas y veganas. Las mejores casas pasteleras italianas, como Albertengo, combinan el respeto por la tradición con una búsqueda constante de excelencia, utilizando ingredientes seleccionados y fermentaciones naturales que pueden durar hasta 72 horas.
Un símbolo que traspasa fronteras
Hoy el panettone se produce y consume en todo el mundo, pero su corazón sigue estando en Italia. En regiones como Piamonte, Lombardía y Emilia-Romaña, las panaderías elaboran cada año miles de unidades que no solo representan un postre, sino un ritual, una forma de honrar el pasado y celebrar el presente.